Ejes institucionales

Educación

La educación es nuestra herramienta primordial para el logro de los objetivos que nos proponemos. Confiamos en esta, como transformadora y liberadora; para acompañar el proceso de construcción del proyecto de vida de cada NNAyJ en conjunto con su familia y el contexto.

Todos nuestros actos, desde el más concreto, hasta el más genérico; elegimos que sea un acto educativo, con una intencionalidad clara, explícita y consciente. Respetando y potenciando siempre al NNAyJ como único e integral.

Buscamos recrear las propuestas, no dejándonos atrapar por la rutina, animándonos a imaginar y soñar; teniendo como objetivo  acompañar la dinámica creadora de la vida. Para ello dedicamos tiempo a pensar y cuestionar nuestras prácticas, explicitando los objetivos en concordancia con los ejes del CEC. Nos proponemos, reconociendo la historia que venimos construyendo, cuestionar cotidianamente nuestras prácticas educativas y formarnos en ese proceso.

Trabajamos en clave de derechos, buscando que cada NNAJ se reconozca como sujeto de derechos, pudiendo conocer, vivenciar y disfrutar los mismos, generando herramientas para el fortalecimiento de su goce y la denuncia en el caso de su vulneración.

Cada NNAyJ es protagonista en sus procesos, teniendo la capacidad para transformar la propuesta y construir cómo estar en la misma, desde una mirada crítica, transformadora y abierta al cambio. Proponiendonos también que las habilidades trabajadas, le permitan construirse como protagonistas en los distintos lugares que habita (escuela, liceo, UTU, barrio, familia).

En ese proceso de toma de conciencia y empoderamiento, de apropiación de sus construcciones; entendemos que es fundamental trabajar para ser feliz, disfrutando, evaluando y celebrando cada etapa, con sus errores y aciertos.

La educación en el Hogar Marista busca fortalecer el desarrollo integral de los NNAyJ, desarrollando herramientas y habilidades para una vida plena y feliz en comunidad; aprendiendo a estar y ser con otros.

Algunas de las habilidades en las que trabajamos cotidianamente y que nuestra propuesta educativa apunta a fortalecer son: la empatía, el autoconocimiento, la autoestima, el cuidado y el autocuidado, la expresión (con énfasis en las emociones), la apertura a lo diverso, la asertividad, la toma de decisiones, el sentido crítico, la interacción, la autonomía, la creación, la actitud de servicio, la concentración, el silencio y la contemplación.

Dentro del conjunto de habilidades que nos proponemos desarrollar, considerando el contexto en el cual estamos insertos, hacemos especial hincapié en que las habilidades desarrolladas permitan promover el autocuidado. Comprendiendolas también como forma de prevenir las diferentes formas de violencia de las que son víctimas los NNAJ y familias de la zona; así como la resolución de conflictos a través del diálogo, el respeto y la búsqueda de alternativas no violentas.

Con modos inspirados en Marcelino, asumimos un estilo educativo basado en la sencillez, la presencia, la cercanía y la ternura en el vínculo. Educando desde la escucha, con otros, para la vida comunitaria.

Cuidado en clave de derechos

En la palabra CUIDADO, identificamos la potencia de nuestra tarea en la tierra sagrada del kilómetro 16, sintiéndonos convocados a acompañar, potenciar y cuidar la vida de los NNAJ, sus familias, los educadores y de todos los que conformamos la Comunidad Educativa.

Nos encontramos con esta vida que reclama ser cuidada en situaciones muchas veces extremadamente vulnerada, condicionada por el contexto empobrecido, fruto de las diversas violencias que se expresan cotidianamente.

Reconocemos el lugar de protagonismo y participación de los NNAJ y sus familias en nuestra propuesta y al mismo tiempo elegimos construir entre todos una Comunidad del Cuidado.

Nuestro proyecto tiene sentido desde la importancia de reconocer y visibilizar que Cuidar a Quienes Cuidan,  además de  ser un acto de amor y responsabilidad, también se relaciona con tener las herramientas necesarias para el encuentro cotidiano con el dolor de otros. Trabajar el crecimiento emocional  y espiritual  de quienes acompañamos estas vidas,  fortalece nuestra capacidad de cuidado y de empatía. A su vez consideramos fundamental la profesionalización de saberes específicos que colaboren a que la detección e intervención de situaciones de extrema vulnerabilidad sean siempre en clave de la defensa de los derechos de NNAJ.

Desde el CEC Hogar Marista promovemos el encuentro  intencionado con los NNAJ y sus familias generando vínculos cercanos y de confianza, ya sea en grupo o de forma personal. Propiciando espacios de escucha,  en donde compartimos la vida, con sus alegrías y dolores, con sus esperanzas y límites; buscando juntos estrategias para superarnos.

Como equipo de trabajo decidimos acompañar este dolor, generando estrategias de intervención que den respuestas inmediatas en la prevención del daño y en la restitución del derecho. Reconociendo la importancia de respetar los tiempos de cada NNAJ,  los tiempos institucionales y el compromiso de la comunidad educativa para actuar y cuidar en diferentes tipo de situaciones de la forma más coherente, integral y eficaz; posible.

Siendo Comunidad del Cuidado, en el proceso de cuidar, potenciar y acompañar la vida de los NNAJ y sus familias; entendemos de vital importancia el cuidado de nuestra “Casa común”, nuestros espacios del Hogar Marista, los espacios del barrio y los materiales que utilizamos. Reconociendo en el cuidado del contexto, el cuidado de las personas que lo disfrutamos.

Este proceso de cuidar es intencionado y nos conecta con nosotros mismos, con los otros y con el contexto. Entendemos que para ello es esencial generar herramientas que nos permitan estar atentos a la realidad, indignarnos frente al descuido y darnos la fortaleza para intervenir en esta; proceso que nos invita a vivir desde sus experiencias vitales Jesús, María y Marcelino. Es así que, cuidándonos, transformamos al Hogar Marista en nuestra casa. Lo sentimos así porque entre todos los que formamos esta comunidad del cuidado: estamos atentos a los demás, vamos juntos, nos acompañamos, nos comunicamos cuando estamos mal o cuando dejamos de participar de una propuesta, nos encontramos en las casas de los NNAyJ y el barrio, curamos a alguien si se lastima, compartimos la comida, jugamos, nos decimos cuando nos equivocamos, nos prestamos ropa, un abrigo.

Comunidad

La comunidad es nuestra forma de comprender y vivir la grupalidad, es parte de nuestra esencia. Como seres humanos, maristas y cristianos, hemos aprendido que la mejor forma de caminar es como hermanos y hermanas. Somos parte de una Gran Comunidad, formada por los niños, niñas, adolescentes y jóvenes que participan en las propuestas del Centro Educativo Comunitario (CEC), por sus familias, por los educadores (remunerados y voluntarios) que trabajamos allí cotidianamente, por los Maristas de Champagnat (hermanos y laicos), por los vecinos y referentes institucionales de la zona del kilómetro 16 y por la Iglesia Católica.

Buscamos que todos los grupos que se forman en cada propuesta del CEC puedan recorrer un proceso en el que vivan y aprecien rasgos comunitarios y puedan, eventualmente, sentirse parte activa de esta comunidad. Para eso, nos encontramos de forma sencilla y genuina desde la vida compartida, reconociendo distintos roles y valorando especialmente la horizontalidad en el encuentro, en el que siempre tenemos la oportunidad de disfrutar y aprender. Confiamos en que siendo comunidad podemos acompañar, cuidar y potenciar la vida de todos y todas con un mayor grado de integralidad y calidad, aportando y al mismo tiempo aprendiendo del otro.

Al trabajar desde la vida y para la vida, somos conscientes de lo complejo e inabarcable de la misma; por eso, entre todos decidimos hacia donde caminar y cómo hacerlo, dónde colocar nuestras fuerzas, que son limitadas, confiados siempre en que la única forma de llegar es juntos, respetando los procesos personales y grupales.

Nos esforzamos cotidianamente por ser un Hogar de “puertas abiertas”, en el que todo el que llegue tenga un lugar en la mesa para compartir la vida. Responsablemente y a conciencia el acompañamiento que podemos dar es distinto en cada persona, grupo o dimensión; trabajando en red para sumar a otros en esta responsabilidad y reconociendo nuestros límites.

Desde esa Gran Comunidad buscamos fortalecer cada pequeña comunidad que la compone; teniendo un primer trabajo en generar comunidad dentro del Hogar, educadores, NNAJ y sus familias; para siendo y viviendo comunidad, salir a ser y vivir comunidad en sentidos más amplios. La comunidad de educadores (remunerados y voluntarios) que acompaña y cuida, con profesionalismo y vocación, la vida en abundancia de la zona del km 16, ha descubierto que la única forma de hacerlo es construyendo comunidad. Una comunidad que respete las responsabilidades laborales y con el cuidado a cada uno, invite a ir un poco más; a poner el cuerpo, el alma y la propia vida en juego. Sintiendo que si queremos acompañar y cuidar la vida en el sentido más profundo, la forma de hacerlo es abriéndonos también a ser acompañados y cuidados.

Espiritualidad

Comprendemos que la espiritualidad es una dimensión inherente a todos los seres humanos y que no existe una única forma o expresión para vivirla y celebrarla. Reconocemos la riqueza que existe en las grandes tradiciones sagradas, como en aquellas nuevas formas de espiritualidad que surgen en este tiempo y que buscan conectar a los seres humanos con lo más hondo y genuino de su ser, abriéndose a lo trascendental.

Valorando esta riqueza que existe en la humanidad, dialogamos con ella desde nuestra identidad creyente que nos reconoce como discípulos y discípulas de Jesús de Nazaret, nuestro Maestro, y como parte de la Iglesia Católica, comunidad creyente de quienes compartimos esta misma fe. Teniendo la certeza de que el mensaje de Jesús es sencillo, vigente y potente.

Vemos en el trabajo vivencial de la espiritualidad una enorme potencialidad que muchas veces va a “contra mano” de los tiempos y modos que nos invita el sistema y el contexto en estos tiempos.

Nos proponemos cultivar habilidades que nos permitan una mayor sensibilidad para descubrir y potenciar nuestra espiritualidad. Frenar, respirar, sentir, conectar con lo esencial, con lo íntimo, narrarnos, resignificar, celebrar y disfrutar de lo sencillo. Buscando, en cada proceso individual y comunitario, invitar a vivir experiencias fundantes y sagradas, abriendo nuestros sentidos para reconocer también lo sagrado y fundante en lo cotidiano; desde el respeto, la escucha y la complicidad.

Somos conscientes que la espiritualidad es inabarcable por completo y que, por lo tanto, las formas de acercarnos a ella deben ser especialmente diversas. Buscamos intencionadamente a través del arte, del trabajo en la tierra, de la música, la literatura, la contemplación, la lectura de la Biblia; conectar con nuestros sueños, miedos, sentimientos, historia, creencias, experiencias emotivas, heridas, motivaciones profundas y vínculos.

Propiciamos espacios de encuentro con uno mismo y comunitarios, conectando con nuestros sentires, valorando la fuerza de la vida; trabajando en el cotidiano para que esta dimensión nutra y transversalice cada propuesta.

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